Madrid – Gijón – Madrid

 

¿Cómo comenzar esta crónica? ¿Quizás en el mismo momento de la salida, o desde que a principios de año nos pusimos a pedalear con la vista puesta en la primera MGM 1200?

¿O quizás aún más atrás remontándonos al año pasado cuando hicimos la prueba Madrid – Gijón?

 

Todavía tengo los pelos de punta de la emoción que me produce el haber, no solo intentado, sino  conseguido esta que para mí es una hazaña.

 

Como siempre, la participación asturiana fue de lujo. Catorce asturianos, de los que 11 pertenecen a la SCT Asturiana. Esto dentro de la participación de unos 130 en total de los cuales había mucho extranjeros, principalmente franceses y daneses.

 

La salida se hace por tandas cada 20 minutos. La primera sale a las 22:00 horas, después de guardar un minuto de silencio por las victimas del terrorismo.

Sacamos unas cuantas fotos en la salida,  y nos disponemos a partir en la siguiente tanda.

 

Los primeros kilómetros se hacen a toda leche. En la oscuridad casi total, apoyándonos en las luces, se rueda rápido camino del primer control de Atienza. Los asturianos nos mantenemos juntos y rodando en cabeza, con Mariano, como siempre, de capone del grupo. El terreno es un constante sube y baja, pero la carretera es buena. Las motos nos acompañan, indicándonos las zonas de obras. En las subidas, me siento muy fuerte, y paso casi sin querer a la cabeza del  grupo. La rodilla no me molesta y voy con ganas.

Nos acompaña un matrimonio, ella con una bici pequeñita con ruedas creo de 650 que es toda una veterana en estas lides, y lo demuestra.

 

Llegamos al primer control. Tomamos un café con un pastelito, y luego otro café.

La mayoría de la gente ya ha salido, mis compañeros me avisan que salen ya. Yo casi con el café en la boca me uno a ellos. Circulamos ahora todos los asturianos del grupo más la pareja y alguno más, pero los demás ya se han ido por delante. Ahora marcamos nosotros el ritmo, bastante rápido. Los cafés y las prisas, junto con las barritas, no me ha sentado muy bien y ando con el estómago revuelto. No soy el único. Mi compañero Juan Luis también se resiente. Llegamos a Ayllón, sellamos y salimos. Continuo con las barritas, y el estómago sigue revuelto.

En la subida al alto de Ayllón empieza a hacer frío pero no se nota. En la bajada, piso muy irregular y voy muerto de frío. El traqueteo hace que Pomar pierda las luces, no es el único, vi otros ciclistas que se les caía cosas.

 

Empieza a salir el sol, y vamos calentando. Por el camino Juan Luis va a cola y no se siente bien. Le doy una de las pastillas para el estómago y seguimos. Vamos pasando un poco cada uno a tirar delante. Nos dirigimos a Tórtoles de Esgüeva donde llegamos a las 08:25. El control está en el monasterio, al que tenemos que llegar entrando en el pueblo y subiendo unas rampas de hormigón que fastidia bastante pero que como veremos después, merece la pena. Pasamos a comer algo, tortilla y un tazón de colacao con cereales,  y hacer de paso unas fotos en el interior del monasterio.

 

A la salida, Juan Luis, que aún no se ha repuesto de sus problemas de estómago decide esperar un poco para no entorpecer la marcha del resto y ver si se va recuperando.

 

La salida del pueblo empieza en una cuesta muy fuerte que ya conocía. Continuamos todos juntos. Los más fuertes van tirando mas seguido. Yo con problemas aún de estómago, no me sentía con muchas fuerzas. En las largas rectas con toboganes constantes, metidos en la inmensa planicie de Castilla, parece que la carretera nunca se va acabar.

Cerca ya de Frómista alcanzamos a ver por delante a Emilio, y entramos todos juntos al control a las 11:17. A pesar del retraso de 30 minutos en la salida, aún vamos con 1 hora de adelanto sobre el horario previsto.

Yo paso por el control a lavarme y poner un poco de crema para las rozaduras y para el sol. Cojo un poco de comida en barritas, pero paro con los demás en un bar, donde pedimos unos macarrones. Comemos también unos yogures. Llega también Castro, que se pone a comer, y cuando ya íbamos a salir, llega Juan Luis. Esperamos por el mientras come rápido un bocadillo, y sale con nosotros. Castro sigue allí, dando cuenta de una buena comida y de la botella de vino.

Juan Luis parece que se ha recuperado bien. Vamos ahora camino de Cistierna, en un buen grupo. En un cambio de carretera, al cambiar de plato, se me sale la cadena, y apurado como estaba para no perder el grupo, no acierto a ponerla. Por fin, y después de llenarme todo de grasa, la pongo, y empiezo a subir un tramo de carretera en muy mal estado. Alcanzo a Mariano, y sigo para adelante. Mariano se ha descolgado y ante la velocidad del grupo, aviso que le esperen. Nos descolgamos Javier y yo. Javier se para hasta que llega Mariano y juntos tiran hasta alcanzarme, y luego yo tiro hasta alcanzar el grupo. La carretera está en obras, por lo que nos meten por un desvío. Vamos todos sin agua, por lo que pensamos en parar en Sahún, pero no encontramos ningún bar en la ruta, por lo que decidimos seguir hasta el próximo pueblo. Aquí, ya íbamos todos ecos, y nuestra única preocupación era encontrar agua. Los pueblos están muy lejos unos de otros, y en ninguno hay ni bar ni fuente. Encontramos y pueblo, preguntamos por el bar. No hay. ¿Fuente? Sí, en la plaza del pueblo. Vamos allí con esperanza. Nos indican la fuente……y también que no tiene agua. Jo….seguir camino y rezar para no acabar deshidratados.

Por fin en el desvío de Cea, encontramos un bar. Yo estoy ya casi más que muerto. Todos se tirar a beber algo. Yo, de frente al baño, a lavarme y refrescarme todo.

Cargo los bidones, y un poco repuesto pido algo para beber, una cerveza 00. Salimos a la calle a tomarlo, y Gonzalo pregunta por una tienda. Viene cargado de fruta.

Yo aún estoy mal del estómago, pero puedo comer con bastante gusto un par de albaricoques.

Un poco repuestos ya, continuamos camino dirección a Cistierna. Cambiamos de dirección varias veces debido a las obras, y sabemos que estamos  haciendo varios kilómetros de más, lo que no ayuda a la moral precisamente. Como tampoco la carretera con piso irregular que sube y sube. El grupo se va rompiendo poco a poco a tenor de las paradas, y yo estoy por descolgarme e ir a mi ritmo, pero aguanto. Al fin estamos cerca de Cistierna y la carretera mejora y nos lanzamos a un fuerte descenso hasta el control donde llegamos a las 18:15. En este momento vamos con el horario justo previsto por mí. Los kilómetros de más, el calor y el cansancio hacen que hayamos perdido esa hora que llevábamos de adelanto.

Yo tengo claro que necesito darme una ducha. Tanto Javier como yo, nos duchamos. Nos dan una toalla para secarnos. La cámara de fotos que llevaba, la dejo en las bolsas en el control, y a cambio, cojo unas perneras cortas y el cuello polar. Seguramente lo necesitaré en la bajada del Pontón.

Nos dirigimos al bar a comer algo. Cuando llegamos, ya nuestros compañeros salen, pero yo tengo claro que si no como algo, voy a ir mal, así que nos quedamos Javier y yo y pedimos un bocadillo.

Lo comemos, y salimos otra vez, casi bien de horario.

Subiendo hacia Riaño, Javier no va bien. Se queja de sueño, y le cuesta subir. Voy tirando y esperando por el todo el rato, pero a la vez vigilando mi rodilla que empieza a dar signos de ir mal. Curiosamente, después del bocadillo de Cistierna, mi estómago va bien. Decido que a partir de ahí, se acabó comer porquerías en forma de barritas, y comer en condiciones. Cerca ya de mi temible kilómetro 500, y a falta de unos pocos para coronar el puerto, me empieza a doler la rodilla. Tengo que vigilar el pedaleo, y procurar no ponerme de pie bruscamente.

El ascenso es tan lento, que vamos retrasando cada vez más el llegar al alto del puerto. Pensaba estar ahí a las 9 para bajar el puerto de día, pero cuando coronamos y después de poner ropa de abrigo y reflectantes y hacer unas llamadas, son las 10 y empieza a no verse bien. Vamos bajando el puerto, cada vez más despacio porque la noche se va haciendo aún más oscura y hay que extremar las precauciones.

A estas alturas, vemos que va a ser difícil llegar a Gijón por lo que decidimos dormir en Cangas. Javier va muerto de sueño, y yo muerto de hambre. Paramos a cenar en un bar el Puente Vidosa. Pedimos filete con patatas y 2 huevos fritos cada uno.

La cena nos supo a gloria. Ahora si que tenía ya el estomago bien. Vamos sin embargo con mucho sueño, y llegamos a Cangas a las 0:50. Entre la parada para cenar y el lento descenso del Pontón, ya llevábamos casi dos horas de retraso, por lo que nos fuimos a dormir. Yo aún iba bien en cuanto al sueño, pero Javier no podía seguir sin dormir.

Sellamos y nos acostamos en las colchonetas del polideportivo. No había manta, por lo que, si bien al principio no tenía frío, más tarde, entre el frío y los ronquidos de nuestro amigo Emilio, nos despertamos a las 6.

Nos levantamos, lavarnos un poco, y desayunar un colacao con unos bizcochos. Salimos dirección a Cangas Javier, Juan Luis y yo. Juan Luis había llegado mucho antes que nosotros contó con la asistencia de su mujer en el control que le llevó de todo. ¡Que envidia¡

Al poco de salir, Javier decide no continuar por problemas en la rodilla. Dice que se va a casa en bicicleta. Le decimos, que si va mal, que coja el tren.

Nos vamos solos Juan Luis y yo.

 

Llegamos a la Madera y subimos bastante bien. Otra cosa fue el desvío por Gijón que me cabreó bastante, pues se añaden otros al menos 10 km más.

 

Callejeamos por todo Gijón entre los coche, paseo por el muro de la Playa de San Lorenzo, y pasar el control secreto situado en el Ayuntamiento.

 

Vuelta atrás y a buscar el Albergue donde está el control. Cuando llego allí, se me pasa todo el cabreo de repente. Nada más llegar, encuentro al presidente del club, que me coge la bici, me la pone dentro, me recarga los bidones, me indica que hacer para ducharme y comer……en fin, su amabilidad, y sobre todo en aquel momento me emociona.

 

Bebo algo y me subo a ducharme. ¡Que gustazo ¡Me cambio de ropa y me aplico un poco de cremita en “esos sitios”, y voy a comer. La comida, muy buena, muy rápido, a mesa puesta, y nunca mejor dicho, pues ya hasta tengo la comida servida en el plato Solo tengo que sentarme. Pasta, carne, y postre, además de café.

 

Termino de comer, y me encuentro a los que llegaron ayer para dormir que ya salen.

Nos demoramos un poco, y salimos Juan Luis y yo junto con un grupo casi todos conocidos de la PBP (Benayas, Emilio, etc..)

 

Subimos la Madera a buen ritmo, y continuamos dirección a Cangas. En el camino veo a Emilio al lado de una moto de la organización, que me da un antiinflamatorio. Me lo tomo y enlazo con el grupo. Pensamos llegar a Cangas y seguir más adelante a comer.

 

Llegamos al control de Cangas de Onis a las  15:05. Sellamos y seguimos. Vemos a algunos de nuestros compañeros comiendo en un restaurante. Nosotros seguimos para comer más adelante en el bar de Puente Bidosa. Así repartimos un poco la subida al Pontón.

Llegamos al bar y pedimos para comer, lomo con patatas y huevos fritos con una ensalada.

Mientras comemos vemos pasar por la carretera algún participante, Emilio, Benayas, etc. y poco después a Castro.

Salimos y cogemos a Castro al poco rato. Paramos a tomar una coca cola en Oseja de Sajambre. Allí encontramos a Gonzalo, que nos invita. Y también, sale rápido, y olvida la cartera. Menos mal que nosotros la vimos y  la recogimos. Cuando llega su compañero, Alberto, se la damos.

Salimos otra vez en el momento en el que llegan Juan  y compañía.

Casi en el alto del puerto, hay una fuente muy buena – la fuente del infierno -, y paramos allí a llenar botes y refrescarnos. 

 

Bajada rápida hasta Riaño, y continuar hasta Cistierna. Aquí decidimos continuar un poco más allá de Cistierna. Puesto que es un poco demasiado llegar a Frómista, decidimos buscar un hotel en Sahún, más o menos a mitad de camino. Mi mujer me encuentra un hotel, pero dicen que tenemos que llegar antes de las 12 de la noche, lo cual vemos que será imposible. La mujer  de Juan Luis nos encuentra un hotel que no cierra y hay habitaciones y nos reserva aunque es algo caro. Llegamos a Cistierna a las 21:30.

 

Nuestros compañeros Juan y compañía, andan buscando también un hotel en Sahún. Les damos el teléfono del nuestro, llaman y reservan.

 

Recojo la cámara de fotos y nos disponemos a salir. Juan, Bernardo, Gonzalo y Alberto ya han salido por delante.

 

Juan Luis y yo, salimos por detrás a nuestro ritmo. Ya es noche cerrada y paramos en un pueblo a poner luces y chaleco. Charlamos con unos lugareños que nos dicen que las bicis no son de “carrera”??????En fin………

 

Más adelante nos encontramos con nuestros compañeros que fueron por distinta carretera. El último tramo, decidimos hacerlo por la carretera en obras, pues los lugareños dicen que está bien para pasar en bici. Joder¡¡¡¡ como estaba. Al final, tardamos más y con un cabreo de aupa.

 

Llegamos al hotel a la 1 de la mañana. No hay nada para comer y estoy desfallecido. El recepcionista, lo único que me puede dar es un colacao caliente con un bollo. Lo como con gusto y nos vamos a la habitación.

 

Allí nos duchamos y ponemos el despertador para las 6:45.

A esa hora, nos levantamos, nos vestimos y bajamos a desayunar. Tomo un colacao con bollo y después pido unos huevos con beicon, que me sentaron de maravilla.

Al lado hay un cliente que se interesa por lo que estamos haciendo, y apenas se lo cree.

 

Salimos por delante, y al poco nos pasan. Vamos siguiendo el camino de Santiago, y vemos muchos peregrinos. Este tramo nos da el viento de cara y no se avanza rápido.

Llegamos a Frómista, donde sellamos a y nos vamos al bar a comer un par de bocadillos de jamón con tomate.

 

Salimos otra vez, yo voy por delante, y aprovecho un tractor cargado para hacer unos kilómetros tras él mas descansado.

 

Los kilómetros van pasando en las largas rectas. Voy solo, y decido parar en el primer pueblo a esperar por Juan Luis.

 

Paro en el pueblo en una fuente, me refresco y lleno los botes y llega Juan Luis. Salimos otra vez juntos. Dirección a Tortoles de Esgüeva voy un poco tocado ya, con pocas fuerzas y con ganas de parar. Hace mucho calor, y solo voy pensando en ducharme, comer y dormir un rato.

Tras una larga subida, me quedo rezagado. Paro un poco para descalzarme y aliviar el dolor de pies. Mi compañero me espera un poco más adelante. Estamos a punto de llegar al kilómetro mil¡¡¡¡¡ Paro y saco una foto al cuentakilómetros – 999,99- a continuación, éste se pone a cero.

 

Sé que en la entrada del pueblo hay una pequeña bajada, pero esta recta interminable no se acaba.

 

Por fin entramos al pueblo. Ahora hay que subir la cuesta hormigonada hasta el control. Llego a las 15:20.

 

La acogida en el control es muy buena. Llego con mala cara, pero tras ducharme, me siento otro. Saco una fotos allí mismo y paso a comer. Me preparo una ensalada variada y unas rajas de lomo con un yogurt.

Me uno a Juan Luis a comer. Le saco unas fotos tomando vino con el porrón. El personal del control, muy amable, nos da conversación mientras comemos.

 

Yo estoy pensando en dormir un poco para quitar unas horas del calor, pero después de comer me siento mejor y decido continuar. Juan Luis ya ha salido, y salgo tras él.

Al poco encuentro al grupo de Juan que han pinchado. Continúo para adelante y alcanzo a Juan Luis.  Por delante va Emilio que me acompaña un rato pasando por Aranda de Duero. Nos pita a modo de saludo un camionero. Un poco más adelante, este camionero, aparca, y nos espera con unas latas de acuarios. Por lo que se ve, conoce a algunos, y sabe de qué va el tema.

Camino de Fuentespina, me va doliendo mucho la rodilla, por lo que voy solo a mi paso. Poco antes e llegar al pueblo, me alcanza el grupo de Juan, y paran en el pueblo. Yo paro también, pero solo a coger agua en la fuente. Les digo que voy tocado, y que sigo a mi ritmo.

Poco después me alcanza Juan, que me pregunta como voy y me da un antiinflamatorio.

Voy camino de Ayllón, parece que algo me alivió. Voy ya seco y buscando una fuente. Cerca ya de Ayllón, me paro en una fuente y me refresco y cargo bidones.

Llego a Ayllón, y allí están todos, ya comiendo. Yo hago lo mismo, cojo pasta y lomo y una jarra de cerveza.

Cuando estamos comiendo llega Juan Luis y se sienta a comer también. Otra vez salimos por delante los dos, y enseguida nos pasan. Ahora hay que subir el Alto de la Pela. Yo voy delante y casi coronando me alcanza Juan Luis. Ya es de noche, y ponemos todas las luces y reflectantes. La supuesta bajada, no es tal. El viento pega de frente y avanzamos muy lento.

Poco a poco vamos dirección al siguiente control que parece que no llega nunca. Llevamos ya mucho cansancio y sueño, y solo deseamos llegar para dormir algo.

Cuando llegamos al control de Atienza, sobre la una de la mañana, salen el grupo de Emilio, Juan Pomar y Bernardo. Alberto y Gonzalo deciden, como nosotros, parar a dormir. Quiero cenar algo, pero solo me ofrecen una tortilla francesa con pan duro.  Tampoco hay leche para tomar un café, así que me arreglo con lo que hay.

En el cuarto para dormir, pequeño, hay unas colchonetas hinchables y mantas. Dormimos bien hasta que llegó un grupo sobre las 5 de la mañana, de los que uno se puso a roncar inmediatamente.

Ya no pudimos dormir mucho más, así que nos levantamos. Por  primera vez pude ir al baño. Esperamos a que amaneciese. Salimos los cuatro, con la intención de parar en Cogolludo a desayunar.

En la plaza del pueblo, paramos en el hotel. Me tomo un colacao con unas pastas (es lo único que hay), y seguimos.

Juan Luis se va por delante en la subida del pantano. Yo aguanto por atrás procurando no forzar la rodilla. Al poco llego a Alalpardo, y le veo en un bar. Paro también, y comemos un bocadillo de jamón con tomate.

Ya nos quedan solo 6 kilómetros que hacemos disfrutando, y llegamos a Algete a las 11:52.

Total kilómetros : 1260

 Damos la vuelta para ir a buscar el coche, y nos pregunta un motorista que si estamos repitiendo, ja, ja. ¡Pues no tuvimos bastante……¡¡

He tardado bastantes más horas que en la París – Brest – París, salen más kilómetros, y es sin duda más dura.

Sobre si repito……..Lo veremos más adelante. Estoy muy satisfecho de haber podido terminar, y agradecido a la buena organización a pesar de ser la primera. Algunos controles, a decir verdad, todos menos uno, estaban de lujo, muy bien atendidos y con mucho servicio, y mucha amabilidad. En ese sentido, mucho mejor que en Francia, donde todo te lo tenías que pagar.

Espero que en el 2009 sean muchos más los participantes, y si puedo estaré entre ellos.